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Boletín Astrológico y de Ciencias Antiguas

Sección de Artículos

 


Historia de la Astrología
Introducción
En el principio la astrología de Mesopotamia fue como la de otras culturas, una simple observación del cielo para buscar influencia que podían afectar al reino. Estas observaciones incluían fenómenos climáticos, mezclados con astronómicos. Lo que hizo la diferencia fue que los nativos de Mesopotamia empezaron a hacer observaciones sistemáticas de los fenómenos para encontrar patrones regulares en los cielos y correlacionarlos con eventos humanos.
De acuerdo a  los investigadores, los escritos astronómicos conocidos de Mesopotamia son del período más antiguo babilonio cerca del tiempo de Hammurabi. No se sabe si los sumerios estaban involucrados en estudios astronómicos pero parece  que sí.  Hay incluso algunos escritos que se refieren al período de los Akadios, cerca del 2300 antes de Cristo. Este es un ejemplo de dichos escritos:
“Si Venus aparece en el Este en el mes de Airu y los Gemelos grandes y pequeños le rodean los cuatro y ella están oscuros entonces el Rey de Elam caerá enfermo y no quedará vivo.”
Los nativos de Mesopotamia creían que las estrellas y planetas estaban asociadas con o fueran ellas mismas los dioses. Ishtar-Venus era una de las más grandes divinidades de la gente. Los egipcios tenían la misma noción e identificaban la constelación de Orión con Osiris. Pero Osiris era un dios de los muertos que regía el submundo. Su transporte a los cielos era muy similar a otros transportes hechos en la mitología clásica.
Los investigadores le dan tres fases a la evolución de la astrología. La primera consiste en lo mencionado anteriormente, que es básicamente cuestiones de observación astronómica. La segunda fase está muy relacionada a esta pero tiene un zodíaco en el sentido moderno del término con doce signos de 30 grados cada uno. No hay horóscopos personales en este nivel medio pero se le da mucha atención a los tránsitos de Júpiter a través de los signos a un rango aproximado de un signo por año.
De aquí que se ve claramente una descendencia de la práctica china de asignar un año a cada signo zodiacal y probablemente también las progresiones anuales de la astrología horaria. También aquí no hay casas de ningún tipo. Los investigadores datan esta segunda fase entre los años 630 y 450 antes de la era cristiana. El zodíaco en este punto es claramente uno sideral.
La tercera fase es la astrología de horóscopos. Varias fuentes antiguas mencionan a los “Caldeos” quienes hicieron varias cartas natales  de diferentes personas. Se menciona que de acuerdo a Aristóteles se le hizo un pronóstico caldeo de la muerte de Sócrates en base a su carta natal. Se hace referencia a los caldeos y por supuesto que se refiere que el arte en este período estaba completamente asociado con los últimos babilonios, es decir, con los caldeos.
Se han encontrado muchas cartas natales escritas con caracteres cuneiformes. La mayoría data de la era helenística cerca del 410 a.C. Otros investigadores dicen que fue en Egipto donde inicio la astrología. Sin embargo, algunos investigadores dicen que los textos más antiguos se perdieron cuando ocurrió una catástrofe que modificó la geografía del planeta. Y esto lo sustentan con la teoría del ruso Emanuel Velikovski que explica dicha catástrofe en su libro “Mundos en Colisión”.
Sin embargo, el Libro de Enoc, de los apócrifos judíos y cristianos dicen otra cosa, sobre quién enseñó la astrología y otras ciencias al antiguo ser humano, aunque los doctores de la Iglesia digan lo contrario (vea la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino).

Recopilación sobre la historia de la Astrología
El más antiguo documento astrológico aún en existencia es el trabajo llamado “Namar-Beli” compuesto por el Rey Sargón I y el cual está contenido en la biblioteca cuneiforme del rey Asurbanipal (668-626 a.C.). Incluye observaciones y cálculos astronómicos de eclipses solares y lunares con predicciones astrológicas.
La mención más antigua del arte de la predicción astrológica en la literatura clásica antigua se encuentra en “Prometeus Vinctus” de Esquilo (línea 486 y subsecuentes). La Astrología probablemente fue cultivada por la escuela pitagórica que mantuvo la exclusividad de una casta. La enseñanza de Pitágoras sobre la “armonía de las esferas” apunta a cierta hipótesis astrológica de los sacerdotes egipcios.
La Astrología, de la época de Posidonius, fue llamada apotelesmatika que indica la influencia de las estrellas sobre el destino final del hombre; es decir apo, “del” y telos, “fin”, y matika, “exacta”.

La astrología en la Cristiandad
La conversión de Constantino el Grande al cristianismo puso fin a la importancia de esta ciencia, la cual durante más de 500 años había regido la vida pública de Roma. En el año 321, Constantino expidió un edicto amenazando de muerte a todos los caldeos, magos, y sus seguido-res. Con ello la Astrología desapareció durante siglos de las partes cristianas de Europa occidental. Solamente las escuelas árabes de enseñanza, especialmente de España después de que los Moros conquistaron la Península Ibérica, aceptaron la sabiduría de tiempos clásicos. Los escolares árabes y judíos fueron los representantes de la Astrología en la Edad Media, mientras que la Iglesia y algunos gobiernos de países cristianos la rechazaron y persiguieron.
El Califa Al-Mansur, constructor de Bagdad, fue como su hijo, el famoso Harun-al-Rashid, un promotor de la enseñanza. Fue el primer califa que llamó a los escolares judíos a su alrededor para desarrollar en su imperio el estudio de las ciencias matemáticas, especialmente la Astronomía. En el año 777 el docto judío Jacob ben Tarik fundó en Bagdad una escuela para el estudio de la Astronomía y la Astrología que pronto tuvo una gran reputación; entre aquellos que estudiaron aquí estuvo Alquindi (Alkendi), un notorio astrónomo.
Fue uno de los pupilos de Alquindi, Abumassar (Abu Mashar), de Bath en Chorassan, nacido cerca del año 805, que fue el más grande astrólogo árabe de la Edad Media. Entre los astrólogos judíos más reputados se pueden mencionar Sahl ben Bishr al-Israel (cerca del 820); Rabban al-Taban, el bien conocido cabalista y escolar talmúdico; Shabbethai Donalo (913-970), quien escribió un comentario de la Astrología del “Sefer Yezirah” que después fue un trabajo estándar en Europa Occidental; y finalmente, el poeta lírico y matemático judío Abraham ibn Ezra.
El esparcimiento de la Astrología fue impulsado por los escolares judíos que vivían en tierras cristianas, ya que la consideraban como una parte necesaria para los estudios cabalísticos y talmúdicos.
El celebrado poema didáctico “Imago Mundi”, escrito por Gauthier de Metz en 1245, tiene un capítulo completo sobre Astrología. Pierre d’Ailly, el notorio teólogo y astrónomo francés, escribió varios tratados sobre el tema. La importancia pública de la Astrología creció a la par que los desórdenes internos de la Iglesia aumentaron y declinaba el poder imperial y papal. Hacia el final de la Edad Media casi todos los príncipes, así como cada regente de importancia, tenía su astrólogo de la corte. Personas como Angelo Catto, el astrólogo de Luis XI de Francia. El renacimiento de la enseñanza clásica trajo un segundo período de prosperidad para la Astrología.
Hacia el final del siglo XII los florentinos emplearon a Guido Bonatti como su astrólogo oficial. Emperadores y papas se volvieron devotos de la Astrología, los emperadores Carlos IV y V, y los papas Sixto IV, Julio II, León X, y Pablo III. Entre los celosos patrones de la ciencia estuvieron los Medici. Catalina de Medici hizo la Astrología popular en Francia. Erigió un observatorio astrológico para ella cerca de París, y su astrólogo de la corte fue el famoso médico Michel de Notredame (Nostradamus) que publicó en 1555 su trabajo principal sobre Astrología.
Otro bien conocido hombre fue Lucas Gauricus, el astrólogo de la corte de los papas León X y Clemente VII, que publicó un gran número de tratados astrológicos. Algunos de los últimos astrólogos romanos entre quienes estaba probablemente Firmicus Maternus, pensaron reformar la Astrología idealizándola y elevando su tono moral. El mismo propósito animó a Paolo Toscanelli, llamado Maistro Pagollo, un médico ampliamente respetado por la piedad de su vida, que perteneció al docto y artístico círculo que reunió al Hermano Ambrosius Camaldulensis en el Monasterio de los Ángeles. Ellos fueron profesores especiales de Astrología en las universidades de Pavia, Boloña e incluso en la Sapienza durante el pontificado de León X.
Los tres centros intelectuales de Astrología en el período más brillante del Renacimiento fueron Boloña, Milán, y Mantua. El trabajo de J.A. Campanus, publicado en Roma en 1495, y con frecuencia comentado, “Oratio initio studii Perugiae habita” muestra una clara luz en la falta de comprensión mostrada por los Padres de la Iglesia en su actitud hacia el fatalismo pagano. Entre otras cosas se dice aquí: “Quanquam Augustinus, sanctissimus ille vir quidem ac doctissimus, sed fortassis ad fidem religionemque propensior, negat quicquam vel mali astrorum necessitate contingere”.
Aun el progreso victorioso del sistema de Copérnico no pudo destruir la confianza en la Astrología. Los más grandes astrónomos estuvieron aún obligados a asignarle su tiempo a hacer predicciones astrológicas en las cortes por bien a la ganancia; Tycho Brahe hizo cálculos para el emperador Rodolfo II, y el mismo Kepler, el más distinguido astrónomo de la época, fue astrólogo de la corte imperial. En el mismo período se escribieron tratados astrológicos por el más célebre de los astrólogos ingleses, William Lilly de Diseworth, Leicestershire, quien recibió una pensión de 100 libras del Consejo de Estado de Cromwell. Entre sus trabajos estaba uno frecuentemente publicado, “Astrología Cristiana”.
El último astrólogo de importancia en el continente europeo fue Jean-Baptiste Morin, que hizo la “Astrología Galica” en 1661.

La Astrología entre los antiguos judíos
Los profetas bíblicos advirtieron a la gente en contra de ver a visionarios y adivinadores de sueños (Jer., XXIX, 8; Zach., X. 1-2), entre los que incluyeron a los astrólogos. En la época de Daniel los judíos en el exilio practicaban la Astrología. Juzgando de Daniel, V, 7, 11, es posible que el mismo profeta haya tenido un alto rango entre los astrólogos de la corte de Babilonia. Como lo dice Daniel 2.1: In anno secundo regni Nabuchodonosor vidit Nabuchodonosor somnium. Et conterritus est spiritus eius et somnium eius fugit ab eo, praeceptit ergo rex ut convocarentur arioli et magi et malefici el Chaldei et indicarent regi somnia sua... Siendo los "magi" et "Chaldei" los magos y astrólogos (Biblia Sacra Vulgata).
La Astrología Médica derivó de fuentes árabes y judías, floreció de nuevo en la época del Renacimiento. Sus representantes profesionales fueron llamados entonces “Iatromatemáticos”, en base al modo matemático de llegar a concluir en su “arte de sanar”. Principalmente con relación a la Astrología médica, los babilonios distinguieron entre el método esférico de cálculo (desde el punto de vista del observador de las estrellas, es decir subjetivamente), y un método cósmico (desde la posición relativa de las estrellas, es decir objetivamente). La primera fue utilizada en la prognosis deducida de la observación de las doce casas de los cielos; la última en aquella dibujada por los doce signos del zodíaco.
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Otros comentaristas históricos
Sir Isaac Newton tiene las siguientes observaciones con respecto al origen de la Astrología. “después de que el estudio de la Astronomía fue establecido para el uso de la navegación, y los egipcios, mediante la ascensión y puesta de las estrellas, determinaron la longitud del año solar de 365 días, y mediante otras observaciones fijaron los solsticios, y formaron las estrellas fijas en detalle, todo lo que fue realizado en los reinos de Ammon, Sesac, Orus y Memnon, cerca de 1000 años antes de Cristo, se puede suponer que continuaron observando los movimientos de los planetas, y que les llamaron por los nombres de sus dioses; y Nechepsos, o Nicepsos, Rey de Sais [772 b.C.], mediante la ayuda de Petosiris, un sacerdote de Egipto, inventó la Astrología, cimentándola sobre los aspectos de los planetas y las cualidades de los hombres y mujeres a quien se les dedicaban, y en el principio del reino de Nabucodonosor, rey de Babilonia, cerca de la época en que los etíopes, bajo Sabacon, invadieron Egipto [751 a.C.], aquellos egipcios que huyeron de él a Babilonia, llevaron consigo el año egipcio de 365 días, y el estudio de la Astronomía y la Astrología y cimentaron la era de Nabucodonosor, fechándola a partir del primer año del reino de dicho rey [747 a.C.], y comenzando el año en el mismo día con los egipcios gracias a sus cálculos. Así Diódoro dice: “dicen que los caldeos en Babilonia, siendo colonia de los egipcios, se volvieron famosos en Astrología, habiendola aprehendido de los sacerdotes de Egipto” (Citado en el Prefacio al Tetrabilblos de Ptolomeo por J.M. Ashmand).
También dice Newton: “La práctica de observar las estrellas comenzó en Egipto en los días de Ammon, como dice anteriormente, y se propagó a partir de entonces, en el reino de su hijo Sesac, a África, Europa y Asia, mediante la conquista, y entonces Atlas formó la esfera de los libios [956 a.C.], y Quirón la de los griegos [939 a.C.]; y los caldeos hicieron también una esfera propia. Pero la Astrología fue inventada por Nicepsos en Egipto, y Petosiris su sacerdote, un poco antes de los días de Sebacon, y se propagó entonces a Caldea, donde Zaratustra, el legislador de los magos la conoció: así Paulinos dice: “Quique magos docuit mysteria vana Necepsos” (Op.Cit.).
El secreto de la Astrología constituye una característica principal en las doctrinas de los magos persas; y mas adelante aparece, en la Cronología de Newton, p. 347, que Zaratustra (aunque la época de su vida ha sido asignada equivocadamente a varios períodos más remotos), vivió en el reino de Dario Histapis, cerca del 520 a.C., y ayudó a Histaspis el padre de Darío, a reformar a los magos, de quienes el mencionado Histaspis fue maestro. Newton agrega en la p. 352 que “cerca de la misma época con Histaspis y Zaratustra, también vivió Ostanes, otro eminente mago: Plinio lo coloca bajo Dario Histaspis, y Suidas lo hace el seguidor de Zaratustra: llegó a Grecia con Xerxes cerca del 480 b.C., y parece ser el Otanes de Herédoto. En su libro, llamado el Octateuco, enseñó la misma doctrina de las deidades como Zaratustra”.
Después de haber citado hasta aquí a Newton, parece adecuado adjuntar el siguiente extracto de la “Historia Universal Antigua”: En el reino de Gushtasp [el nombre oriental de Darío Histaspis], rey de Persia, floreció un célebre astrólogo, cuyo nombre fue Gjamasp, también llamado Al Hakim, o el Sabio. Los escritores más creíbles dicen que fue hermano del Rey Gushtasp, su confidente y ministro en jefe. Se dice que había pronosticado la llegada del Mesías; y algunos tratados bajo su nombre aún son actuales en el Occidente.
El Dr. Thomas Hyde, hablando de este filósofo, cita un pasaje de un autor muy antiguo, habiéndonos dicho antes que este autor aseguraba que había habido entre los persas diez doctores de dicha sabiduría consumada que nadie en el mundo se podía jactar. Él proporciona entonces las palabras del autor: “De estos, el sexto era Gjamasp, un astrólogo, que fue consejero de Histaspis. Él es el autor de un libro titulado Judicia Gjamaspis, el cual contiene sus juicios sobre las conjunciones planetarias. Y ahí informó que Jesús debería aparecer; que Mahoma debería nacer; que la religión de la magia debería ser abolida, etc.; ningún astrólogo lo supero” [E. Lib. Mucj. apud Hyde].
De este libro existe una versión en árabe, cuyo titulo dice: El libro del filósofo Gjamasp, que contiene juicios sobre las grandes conjunciones de los planetas, y sobre los eventos producidos por ellos. Esta versión fue hecha por Lali; el título que le dio en árabe fue Al Kerani, y lo publicó en 1280 d.C. En el prefacio de esta versión se dice que, después de la época de Zaratustra, o Zerdusht, reinó Gushtasp, el hijo de Lohrasp un príncipe muy poderoso; y que en su reino floreció en la ciudad de Balch, en las fronteras de Chorassan, un más excelente filósofo, cuyo nombre fue Gjamasp, autor de este libro; en dónde se contiene una narración de todas las grandes conjunciones de los planetas que han ocurrido antes de esta época, y que ocurrirán en las épocas siguientes; y donde aparecen nuevas religiones y la aparición de las nuevas monarquías fue exactamente descrita. Este autor, a lo largo de toda su obra, se parece al estilo de Zerdusht o Zaratustra, nuestro Profeta [D’Herbelot, Bibl. Orient. Art. Gjamasp].
La noción de pronosticar el surgimiento y progreso de las religiones a partir de las grandes conjunciones de los planetas, ha sido probablemente propagado en nuestras zonas occidentales: Jerónimo Cardano fue un fuerte promotor de esta doctrina. Los persas modernos aún son grandes seguidores de la astrología, y aunque distinguen entre ésta y la astronomía tienen solamente una palabra para describir al astrónomo y al astrólogo; viz. manegjim, que es el equivalente exacto a la palabra griega aVtrlogoV.
De todas las provinicias de Persia, Chorassan es la más famosa por producir grandes hombres en el arte; y en Chorassan hay un pequeño pueblo llamado Genabed, y en ese pueblo cierta familia que, durante los pasados 6 o 700 años, ha producido los astrólogos más famosos de Persia; y el astrólogo del rey es siempre nativo de Genabed, o uno que ha sido traído de ahí. Sir John Chardin afirma que las citas en este tiempo para estos sabios llegaron a la cantidad de seis millones de libros por año.
Albumazar de Balch (escolar de Alkendu, un judío que fue profesor de astrología judiciaria en Bagdad, en el Califato de Almamoum se hizo maravillosamente famoso. Escribió expresamente de los astrólogos persas, y puede ser de los trabajos de Gjamasp, debido a que también reporta una predicción de la venida de Cristo en las siguientes palabras: viz. “En la esfera de Persia, dice Aben Ezra, surgirá sobre la cara del signo Virgo, una hermosa mujer, llevará dos espigas de maíz en su mano, y un niño en su brazo: le alimentará y le dará leche, etc. Esta mujer, dice Albumazar, le llamamos Adrenedefa, la Virgen Pura. Dará a luz un hijo en el lugar que es llamado Abrie (la tierra hebrea), y el nombre del niño es llamado Eisi (Jesús).
Esto hizo a Alberto Magno a creer que nuestro Salvador, Cristo, nació en Virgo: y por lo tanto el Cardenal Alliac, erigiendo la descripción de nacimiento de Nuestro Señor, colocó este signo en el horóscopo. Pero lo que quería decir Albumazar, dice Fray Bacon (Roger), que dicha virgen nació, el Sol estando en ese signo, y así se anotó en el calendario; y que ella llevaría a su hijo a la tierra de los hebreos.
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Bharat (India)
En Bharat existen hoy en día registros que apuntan claramente a un conocimiento altamente desarrollado de la Astrología tan antiguo de casi 6,500 años antes de Cristo y manuscritos reales muestran que fueron escritos cerca del 3,700 a.C. Algunos de los originales han sido destruidos o están perdidos pero copias de estos fueron hechas por astrólogos y pueden encontrarse en las bibliotecas de los Maharajáes y en algunos estados en Bharat.
Uno de los más antiguos autores de Astrología Védica, copias de cuyos trabajos no han sido encontrados es Pita Maha quien escribió un tratado llamado Pita Maha Siddhanta. Vivió y escribió este libro cerca del 3000 a.C. 500 años después otro escritor llamado Vashishttha escribió varios libros en astrología, astronomía y filosofía.
En el libro llamado “Usted y Su Mano” por el Conde Louis Hamon, mejor conocido como Cheiro, se encontró esta declaración: “La gente en cuya ignorancia desdeña la sabiduría de las razas antiguas olvida que el gran pasado de la India contiene secretos de vida y filosofía que las siguientes civilizaciones no pudieron contravenir, sino que fueron forzados a aceptarla. Por ejemplo, se ha demostrado que los antiguos hindúes comprendieron la precesión de los equinoccios y calcularon que este (un ciclo completo) se lleva a cabo cada 25,870 años. La observación y precisión matemática necesaria para establecer dicha teoría ha sido la maravilla y admiración de los astrónomos modernos. Ellos, con su conocimiento moderno e instrumentos actuales siguen discutiendo entre ellos si la precesión, la característica más importante en la astronomía se realiza cada 25,870 años o cada 24,500 años. La mayoría cree que los hindúes no se equivocaron, pero como llegaron a dicho cálculo es un gran misterio como el mismo origen”.
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Inicios Babilonios
A los babilonios se les acredita el nacimiento de la Astrología. Sus cartas les permitieron predecir la recurrencia de las estaciones y ciertos eventos celestiales. Así, en el principio y por más de 2,000 años, la astrología y la astronomía fueron la misma ciencia.
La Astrología babilonia fue introducida por los griegos en la primera parte del siglo IV d.C. y a través de los estudios de Platón, Aristóteles y otros, la astrología fue contemplada como una ciencia. Fue muy pronto tomada por los romanos (aún se utilizan los nombres romanos para los signos zodiacales) y los árabes la extendieron a todo lo ancho del mundo.
La Astrología como la conocemos en la actualidad comenzó en el mundo europeo en el inicio de la civilización griega (la palabra Astrología proviene del griego astron, estrella y logos, estudio). El estudio de las estrellas tuvo propósitos tanto científicos como religiosos. El paso de las estrellas proporcionaron la base para calcular los calendarios; también representaban un tipo de reloj natural en una época sin reloj y daba puntos de referencia importantes para la navegación.
Un sacerdote caldeo de Belus, Berosus, que se asentó en Cos para enseñar, probablemente a principios del siglo IV a.C., se le adjudica tradicionalmente el haber introducido la Astrología a Grecia. Sin embargo, los griegos ya estaban interesados en el estudio de las estrellas desde la antigüedad. El filósofo presocrático Tales (625-547 a.C.) quien fundó la escuela Iónica, filosofía que teorizaba el origen del universo a partir de un principio simple, y Pitágoras de Samos (580-500 a.C.) fundador del Pitagonearismo (un sistema filosófico que combina la medicina, la astronomía, las escalas musicales y las matemáticas para describir la realidad en términos de números), ya había puesto su atención a las estrellas y especuló sobre la naturaleza y constitución de los cuerpos celestiales.

Prohibición de Sixto V
En el año 1586 tiene lugar la publicación, por parte del Papa Sixto V, de la “Constitvcion veynte y vna...” de su Bula Caeli et Terrae en la que se prohibe “exercer el arte de Astrología judiciaria, y hacer encantamientos, adevinaciones, y hechizerias, de leer y tener libros de las dichas cosas, y facultad de los ordinarios, y de los Inquisidores de reprimir y castigar a los inobedientes”, según reza su mismo título.
Es conveniente conocer lo que dice la dicha prohibición, ya que es la base canónica que la Iglesia ejerce para atacar esta ciencia más antigua que Cristo.
Y para lo que es conocer antes los acaecimientos que han de suceder, o los casos fortuitos, fuera de aquellos sucesos, que necesariamente, o muchas vezes de las causas naturales provienen, los quales no pertenecen a la adivinación, no hay artes, ni disciplinas, que lo alcancen, y las que hay, son engañosas, y vanas, introducidas por la astucia de malos hombres... Y tales son, y en ellos los primeros astrólogos, dichos antiguamente Mathematicos, los Genethliacos, y Planetarios, los cuales profesaron la vana ciencia de las estrellas, y de los astros, y pretendiendo con gran osadía prevenir de la ordenación divina disposición, que a su tiempo ha ser revelada, miden por movimiento de los astros, y curso de las estrellas, los nacimientos y denituras de los hombres, y juzga no solo las cosas por venir, mas las presentes, y pasadas, que son encubiertas, y del punto que nace el muchacho, o de aquel día de su nacimiento, o de otras vanísimas observación, y cuentan de tiempo y momento del estado de uno, de la condicion, y curso de la vida, de las honras, riquezas y sucessión, de la salud, muerte, caminos, desafios, enemistades, carceles, muertes, contrastes varios, y de otros casos, y sucesos, asi prosperos, como adversos presumen temerariamente a adivinar, juzgar, y afirmarse en ello no sin peligro grande de error, y de infidelidad...
"Estos pues tan livianos y tan temerarios hombres, en miserable ruina suya de sus almas, en grande escándalo de los Fieles, y detrimento de la fe Cristiana los acaecimientos, que han de ser de las cosas quando han de suceder prosperas, o adversas, los humanos actos, y finalmente las cosas que dependen de la voluntad libre de los hombres atribuyen a los astros, y a las estrellas, y danles tanto poder, tanta fuerza, virtud, y eficacia para significar lo que está por venir, y de inclinar a lo que antes se conoce, de tal manera, que haya de suceder necesarimente, por lo qual no dudan de preciarse públicamente, y toman para los juicios, y pronósticos de todas las cosas, conociéndolas, y diciéndolas antes que sean...
"Y es así que por las reglas del Índice de los libros prohibidos, hecho por Decreto del Sagrado Concilio general de Trento, entre las demas cosas se les encarga a los Obispos provean con diligencia que no se lean, ni se tengan semejantes libros de Astrología judiciaria, tratados, o indices, que de los futuros contingentes, sucesos, casos fortuitos, o aquellas acciones que dependan del hombre, osan afirmar que alguna cosa ha de ser cierta, permitiéndose los juicios, y observaciones naturales que para ayudar a la navegación, agricultura, o al arte de Medicina se han escrito”.
“Por esta constitución que para siempre ha de valer, por la autoridad Apostólica estatuimos, y mandamos, que así contra los Astrólogos, Matemáticos, y otros que se atreven a afirmar, que ha de suceder alguna cosa de los que son sucesos por venir contingentes, y casos fortuitos, acciones que dependen de la voluntad del hombre, aunque ellos digan, y protesten que no lo afirman de cierto, contra esos hombres, o mujeres... a los Obispos y Prelados, superiores, y otros Ordinarios de los lugares, como también los Inquisidores de la herética pravedad, que donde quiera están diputados, unque en muchos d’estos casos no procedían antes, o no podían proceder con diligencia, hagan Inquisición, y procedan, y los castiguen severamente con las penas Canónicas, y las demas que les pareciere, prohibiendo todos, y qualesquier libros, obras, tratados de esta judiciaria Astrología, Geomancia, Hidromancia, Aeromancia...
Y sin esto por la misma autoridad estatuymos, y mandamos que contra los que a sabiendas leen, o retiene los dichos libros d’esta manera, o aquellos en que se contienen tales cosas, por el semejante de los mismo Inquisidores libre, y licitamente procedan, y puedan proceder, apremiar, y castigar con penas, sin que estorven constituciones, y ordenaciones Apostólicas, y las demas, que contrarias sean...”.
Creo que es interesante que vayamos conociendo a quienes nos precedieron en estos menesteres astrológicos y astronómicos, por lo tanto, iremos presentando algunas bibliografías resumidas.
(964-1039) Abu Osaibah, Abul Abras Muwaffec Eddyn Ahmed. Por su espíritu de controversia mereció el sobrenombre de Al-Mohacca (muy sutil). Este Astrónomo y Astrólogo y filósofo árabe pasó más de cuarenta años en la India para perfeccionarse en estas materias. Sus principales obras son: Tablas astronómicas; Introducción a la astrología judiciaria; Tratado de Cronología y un libro sobre Geografía.
(1478-1553) Fracastoro, Girolamo. Fue profesor de filosofía en Padua a la edad de 19 años. Fue discípulo de Pomponazzi. Astrólogo, filósofo y médico, llego a ser médico del Papa Paulo III el cual le encargó que se trasladara al Concilio de Trento para que persuadiera a los prelados de que se trasladaran a Bolonia, asegurándoles que en Trento se hallaban amenazados de peste. Algunos libros sobre medicina son estos De contagione et contagiosis morbis et curatione libri tres y Syphilis sive de morbo gallico. Pero sus obras más importantes son Homo-centricorum sive de stellis liber, Fracastorius sive de anima (diálogo psicológico), Diálogos sobre poética y De sympathia et antipathia, donde expone sus teorías que se pondrían de moda durante el siglo XVI. En este libro explica la interrelación de todas las cosas en el Universo, a través de una fuerza de unificación universal. Una fuerza que el entendía de una forma física y que le ayudó a poder explicar su teoría sobre la Magia Natural y su rechazo de la Magia Demoníaca.
Las cartas natales de Felipe II tienen gran importancia, por varias razones, una porque fue un rey en cuyos dominios no se ponía nunca el Sol, otra razón, porque fue un hombre de su época, en el afán de cultura y conocimientos, otra porque fue el impulsor del Monasterio de San Lorenzo el Real del Escorial y en este monasterio, hay mas libros de astrología que en ningún lugar del mundo, otra, porque el citado Monasterio es todo un paradigma de lo que debe ser una elección astrológica, otra, porque dejó claves escondidas, de forma que en el pasar del tiempo pudiera haber quien con trabajo y esfuerzo pudiera descifrarlas, otra porque fue el impulsor con el arquitecto Juan de Herrara de la Real Academia de Matemáticas, otra razón porque fomentó estudios astronómicos a gran escala, otra razón porque entre las diferentes natividades que le levantaron, la de Matías Haco, su médico también fue médico de Carlos V) y astrólogo, es todo un compendio de astrología seria y competente en cuanto a vaticinios o en cuanto a cuantificación de cantidad o calidad, y en cuanto a Revoluciones Solares, otra razón, porque es el 400 aniversario de su muerte, otra razón... en fin por múltiples razones. Nació el día 21 de mayo del 1527 en Valladolid (España). Prognosticon de Matias Haco Sumbergense médico y matemático, figura estimada 16:15 horas, figura rectificada 15:57 hrs.
Libro Cuarto de los Iudizios de las estrellas de Ali Ben Ragel. “Ten en cuenta que hay dos maneras de juzgar en astrología: Una es profunda y sutil, que el hombre no puede llegar a abarcarla totalmente. Y otra es manifiesta e ilustre, y en ésta no puede el hombre estar seguro de no equivocarse. Los sabios versados en ella son también de dos maneras: Uno es el que es presuroso, pero contenido, que no olvida cosa alguna y se guarda en sus dichos y juicios, éste escapa y se salva. Y el otro es perezoso y débil, mira las cosas por encima y no se fija en la totalidad de ellas, éste tropieza y se equivoca”.
La Constante de Ninive. En 1875 un arqueólogo británico llamado Smith, traduciendo unas tablillas de barro de la biblioteca de Asurbanipal, encontró una tablilla con una cifra impresionante: 195,955’200,000,000, es decir, cerca de 200 billones. Numerosos especialistas intentaron en vano descubrir que podía significar esa cifra para los asirios de hace tres mil años. En 1963, el francés Chatelain descubrió que esa cifra equivalía a 70 multiplicado 7 veces por 60 (los asirios tenían un calculo sexagesimal basado en los múltiplos de 60). Los asirios habían dividido el día solar en 86,400 partes; es decir, en 24 horas de 60’ de 60”.
Dedujo que el número grande debería ser un período de tiempo calculado en segundos. Llegó a la conclusión de que ese tiempo era de 2,268 millones de días de 86,400 segundos (más de 6,000,000 de años).
Los asirios conocían el fenómeno de la precesión de los equinoccios, que hace girar el eje de rotación de la Tierra alrededor del polo de la eclíptica en 9,450,000 días, es decir, 26,000 años aproximadamente. Descubrió este hombre que 2,268,000,000 de días representan exactamente 240 ciclos de precesión de equinoccios de 9,450,000 días cada uno.
Chatelain no encontró un solo período de revolución o de conjunción de planeta, cometa o satélite que no sea una fracción exacta con lo menos cuatro decimales de lo que el llamó la constante de Ninive: 2,268,000,000 de días.
Existe, sin embargo, un caso, el del año trópico, en el que se encuentra una diferencia de una unidad en el sexto decimal, es decir, una millonésima de día por año; diferencia que nos facilita un medio para determinar la fecha exacta en que la constante de Ninive fue calculada.
El año trópico tiene una duración de 365.2422 días solares. Si se divide la constante de Ninive por 365.2422 se obtiene un número de 6,209,578 años trópicos. Si se llega en la precisión algo mas lejos, se advierte que los astrónomos emplean la cifra de 365.242199, y si se divide la constante por 6,209,578 se obtiene un año trópico de 365.242211 días; o sea, una diferencia ahora de 12 millonésimas de día por año o bien 1.068 segundos por año.
Pero los astrónomos saben que el año trópico se hace cada vez mas corto disminuyendo una media de 0.000016 segundos por año. Si dividimos 1.0368 por la tasa de disminución de 0.000016 nos dará la fecha exacta en que fue calculada: hace 64,800 años.

Astrología Occidental
El siglo IV a.C. fue particularmente fértil para la proliferación de la Astrología. Platón y Aristóteles tenían un punto de vista común del universo, y este último hablaba de conexiones entre los cuerpos celestiales y el mundo sublunar (la Tierra). La Astrología había influido en el estudio de la Medicina como se evidenció en el trabajo de Hipócrates (460-377 a.C.) que vivió en la isla de Cos. Hipócrates definió los cuatro humores, que decía se encuentran en la sangre (caliente y húmedo), en la bilis amarilla (caliente y seco), en la bilis negra (frío y seco), y en la flema (frío y húmedo) y estableció las correspondencias de dichos humores con los planetas.
En el año 140 a.C. Hiparco de Bitnia catalogó 1,081 estrellas, y unas décadas después el sirio Posidonio de Apamea extendió su conocimiento de magia y Astrología en la escuela que fundó en Rodas, donde estudiaron tanto los romanos como los griegos. Probablemente Marcos Manilus fue influido por Posidonus de Apamea cuando escribió sus versos titulados “Astronomica”.
Los romanos, que tenían una primitiva forma de adivinación tradicionalmente practicada por los augures, recibieron la Astrología en el siglo II a.C. de los griegos que vivían en las colonias al sur de Italia. Los romanos adoptaron el sistema griego del Zodíaco, nombrando a los planetas con los nombres de las deidades Romanas y Latinas (nombres que aún están en uso) y nombrando los siete días de la semana con los correspondientes dioses y planetas. Esta tradición también influyó en los nombres anglosajones de los días de la semana que aún reflejan una conexión antigua. Cerca del año 270 a.C. se mencionaron la Astrología Judiciaria y Médica en el poema Diosemeia del griego Aratus de Soli que fue traducido al latín e influyó en los romanos.
En la antigua Roma la Astrología Judiciaria sobrevivió los años de la República a pesar de los esfuerzos antiastrológicos de famosos intelectuales de la época como Catón (el Censor) y Cicerón (De divinatione). En el año 139 a.C. después de la inquietud de los esclavos y la clase baja en Roma, los astrólogos fueron expulsados de las fronteras romanas de Italia. A pesar de esta oposición, la Astrología gradualmente llegó a ser aceptada entre los intelectuales hacia el final del Siglo I a.C. principalmente como resultado de la propagación del Estoicismo (que había adoptado a la Astrología como parte de su sistema). Al tiempo en que el imperio se cristianizó, la iglesia cristiana comenzó a oponerse oficialmente a ciertos tipos de Astrología en el siglo IV d.C. (por ejemplo en los escritos del Concilio de Laodicea).
Durante la época helénica la Astrología comenzó a florecer en Egipto a través de la escuela de Alejandría, en la cual el conocimiento astrológico de babilonios y egipcios se fundieron en la filosofía griega. La literatura hermética griega más temprana en el siglo II d.C. se enfocó en la Astrología. Fragmentos de estos textos, entre los cuales se encuentran el Salmeschiniaka y el libro de Nechepso y Petosiris, han sobrevivido en el Catalogus codicum astrologorum Graecorum, así como citas en trabajos árabes del siglo IX y en escritos latinos posteriores.
Un poema de Astrología, Astronomica, del cual aún existen cinco libros, fue compuesto a principios del siglo I d.C. por Marcos Manilius. Manilius recopiló el conocimiento contemporáneo de esta ciencia, a menudo en términos contradictorios y bajo la influencia de la visión cósmica de los Estoicos y su correlación entre el macrocosmos y el microcosmos. En el siglo II d.C. Vetius Valens, un intelectual de Antioquía que se encontraba en Alejandría, Egipto, recopiló la Antología, un trabajo de Astrología que muestra el nuevo concepto de este campo como un arte secreto aprendido a través de la iniciación.
Ptolomeo, uno de los intelectuales más influyentes en la historia de la Astrología, también vivió en Alejandría en el siglo II. Sus trabajos principales fueron el Almagest (griego de lo más grande) y el Tetrabiblos (en latín Quadripartitum). El Almagest fue un trabajo de astronomía que enseñaba como predecir fenómenos celestiales mediante el uso de las matemáticas. El Tetrabiblos se volvió el principal texto para los astrólogos y ocultistas del mundo occidental por varios siglos.
Ptolomeo reunió el conocimiento de la Astrología caldea y egipcia y la interpretó a la luz de la filosofía griega, en particular desde la visión del los Estoicos. La idea de éstos es que toda la materia está enlazada en un continuo cósmico y se volvió una explicación racional para las relaciones entre los cambios en el universo (macrocosmos) y en el hombre (microcosmos). La magia y tradiciones tales como el simbolismo, la quiromancia, la geomancia se anexaron a la adivinación astrológica, aunque estas no cambiaron los principios básicos de la Astrología.
El trabajo de Ptolomeo fue una autoridad por siglos, particularmente en Constantinopla (Bizancio), la capital de la parte oriental del imperio donde el griego se mantuvo como la lengua hablante. En el año 500 d.C., Retorius introdujo, entre otros elementos, la división de los signos del Zodíaco en triplicidades, correspondiendo a los cuatro elementos clásicos.
Aunque algunas escuelas teológicas en Bizancio aceptaban la Astrología, varios emperadores cristianos como Constantino, Teodocio, y Valeriano, comenzaron a proscribirla y amenazaron a los astrólogos con el exilio. En los primeros años del siglo V, en la Academia de Platón de Atenas, el último baluarte de la cultura precristiana, Proclo (410-485) comentó el Tetrabiblos con respecto a las estrellas como una “causa secundaria de eventos terrestres”. Pero en el año 529, el emperador Justiniano (527-565) cerró la Academia, diciendo que era un centro de pensamiento pagano y mucho de los estudiosos de Atenas huyeron a Persia y Siria.
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Astronomía y Astrología en el Siglo XII
Si uno está buscando a un intelectual del Siglo XII, no puede haber otro mejor que Juan de Salisbury. El Libro II de su Policraticus está dedicado a una discusión general de pronósticos, adivinación y los problemas filosóficos de predestinación. Muestra claramente su disgusto por los astrólogos, clasificándolos como “practicantes de otras trivialidades”, pero está claro que sus problemas con ellos no fueron completamente por desacuerdos filosóficos.
En el capítulo 19 dice: “es probable que haya algún poder en el fenómeno de los cielos... por lo tanto las mentes inquisitivas investigan los poderes de los fenómenos celestiales y se esfuerzan en explicar con las reglas de su tipo de astronomía todo lo que ocurre en nuestro mundo. Hoy en día la astronomía es una ciencia noble y gloriosa si se confina a sus discípulos dentro de los límites de la moderación, pero si es lo suficientemente presuntuoso para transgredir estas, es más un engaño de impiedad que una fase de filosofía. Hay en realidad bastantes cosas en común entre la astronomía y la astrología, pero esta última tiende exceder los límites de la razón, y, difiriendo en su enfoque, no ilumina a su exponente sino que lo desvía”.
Juan enfáticamente no niega que Dios nos ha dado algunos medios de conocimiento sobrenatural. Describe las características de cada uno de los planetas y cree en la erudición del tiempo. Pero está en contra de delinear horóscopos para responder cuestiones triviales y asegura que los astrólogos se rebelan contra la verdadera religión y el concepto del libre albedrío. “Imponen sobre las cosas un tipo de fatalidad so pretexto de la humildad y reverencia hacia Dios”.
El hecho de que Juan de Salisbury está tan molesto con ellos y sugiere un justo número de gente astrológicamente centrada, y el estilo teológico de su posición ante ellos lo hace a uno pensar hacia quién estaba escribiendo. El Libro II de la Policraticus es un llamado a los dirigentes a ser guiados por la Iglesia en lugar de por cualquier adivinador, y se debe a que los astrólogos se comportan como adivinadores, y “practicantes de trivialidades” que deben eludir a los dirigentes cristianos.
Hubo muchos escolásticos del Siglo XII que fueron a España en busca del nuevo conocimiento árabe. Daniel de Morley fue uno de los pocos que dejaron un registro de sus motivaciones y experiencias. En su libro Naturis Inferiorum et Superiorum cuenta su molestia del estado del aprendizaje en París, con su concentración en la ley y la teología, y su viaje a Toledo en busca de los “filósofos más sabios del mundo”. Ahí encontró a Gerard de Cremona, que había traducido entre otras obras el Almagest de Ptolomeo. Gerard fundó una escuela de traductores y estuvo realmente dando conferencias a estudiantes de Astrología.
Daniel regresó a Inglaterra junto con sus apreciados libros y fue con su tutor Juan, Obispo de Norwich. El libro de Daniel se inspiró en las preguntas del Obispo sobre “la astronomía (y) aquellos eventos sublunares que parecen servir a cuerpos más elevados de un tipo de obediencia necesaria”. No fue el único libro escrito por solicitud del obispo del siglo XII para esparcir el nuevo aprendizaje.
El pueblo de Hereford ya había adquirido relaciones con la astrología a fines del Siglo XI. Roberto de Lorraine, Obispo de 1075 a 1096, escribió varios libros sobre el calendario, de astronomía y el recientemente importado ábaco. Su sucesor, Gerard, tenía la reputación de tener un conocimiento poco saludable de astrología y las artes nigrománticas. Fue transferido a York en 1101 y murió en ese lugar de manera repentina y misteriosa en su jardín en 1108, con un tratado latino de astrología a su lado.
Guillermo de Vere, que fue el obispo de Hereford de 1186 a 1199, impulsó el nuevo conocimiento científico que venía del mundo árabe. De Vere mismo había visitado el Oriente antes de la caída de Jerusalem y estaba interesado en la traducción de los manuscritos. Se tienen algunas pruebas de la enseñanza de la ciencia en Hereford de un poema enviado a Gerald de Gales por Simón de Freine, un viejo amigo de Gerard de Hereford.
El poema describe a Hereford como el hogar del trivium y el quadrivium, y el haber dado dos líneas al estudio de la gramática, lógica, retórica, aritmética, geometría y música, de Freine entonces dedica diez líneas a la astronomía, seis a la geomancia y otras dos líneas tanto a la física y a la ley. Estas últimas tres no son artes liberales tradicionales, sino a partir del contexto es claro que fueron enseñadas en Hereford cuando de Freine estaba escribiendo a finales del siglo XII. La sección del poema sobre geomancia muestra claramente que están utilizando el tratado de Gerard de Cremona Si quis per arte geomanicam; esto proporciona el vínculo entre Hereford y la escuela toledana de traductores.
Gerald tuvo incluso menos atracción que Juan de Salisbury por el nuevo conocimiento; en el preambulo de su Speculum Ecclesiae se refiere a “ciertos libros, que se dicen ser de Aristóteles, recientemente descubiertos y traducidos en Toledo”, y aunque la mayoría de sus comentarios característicamente fortalece lo que se ha perdido en el único manuscrito sobreviviente, lo que sobrevive sugiere que teme que las nuevas doctrinas pudiesen llevar a la herejía. Sus propias inclinaciones lo llevan hacia la teología, aunque sus trabajos en Gales y particularmente en Irlanda contienen una gran cantidad de lo que podríamos llamar historia natural. Guillermo de Vere le dio una prebenda a Hereford pero no hay pruebas de que realmente fuese a enseñar ahí.
Jacques le Goff ha escrito que antes de la invención del reloj mecánico cerca de 1280, la iglesia estuvo efectivamente en control del tiempo y fue por lo tanto responsable por regular el horario de trabajo y otras cosas alternas. La importancia inmediata de contar el tiempo en una comunidad monástica es por supuesto que los oficios se suponía que deberían realizarse en unas horas específicas del día o la noche y estas fueron determinadas en un número variado de formas. Si el monasterio determinaba haber terminado maitines antes del amanecer, eso requería un cuidadoso conteo de tiempo del Hermano Jacques quien tenía que tocar la campana para despertar a la comunidad.
Un enfoque fue el de Gregorio de Tours, escrito por el año 570, quien proporcionó instrucciones detalladas para el conteo de tiempo de nocturnae, recitada exactamente después de medianoche, incluyendo vigilar la ascensión de ciertas estrellas y midiendo el paso del tiempo mediante el canto de un determinado número de salmos. La estrella en particular para buscar y el número de salmos a ser cantados podría cambiar con la época del año, dependiendo cuán largas eran las noches y dónde se encontraba el Sol en el zodíaco. Los cálculos astronómicos necesarios para trabajar, por ejemplo, cuál estrella estará ascendiendo en una hora dada de la noche no son particularmente sencillos. Una complicación que se podría agregar surge antes de que se haya inventado el reloj porque usualmente tratamos con horas desiguales.
En este punto entra el astrolabio, quizá la más antigua y mejor conocida de las importaciones del mundo árabe. Ptolomeo describe un astrolabio esférico en el siglo II, pero el astrolabio planisférico parece haber sido un desarrollo islámico. Básicamente el astrolabio representa las coordenadas del cielo local (en otras palabras el horizonte, el cenit, etc.) en un plato fijo, y un plato rotante lleva un mapa estelar estilizado y una elíptica. Un apuntador y una escala angular en la parte posterior permite al usuario medir la altitud del Sol o una estrella brillante; el mapa estelar y los platos de las coordenadas pueden entonces ser usadas para encontrar la hora del día en horas iguales o desiguales. Abelardo y Eloisa se impresionaron tanto con el astrolabio que nombraron a su hijo con dicho nombre poco antes de 1120. Abelardo de Bath escribió un popular tratado sobre el astrolabio cerca de 1149, que dedicó al futuro Enrique II de Inglaterra.
Claudio Ptolomeo en la Alejandría del Siglo II produjo una teoría planetaria que proporcionó un modelo de trabajo excelente del sistema solar. En los siglos V y VI los persas sasanidos sintetizaron la teoría planetaria de Ptolomeo con una teoría ligeramente diferente de origen indio; su estado de Zoroastro requirió detallado conocimiento astronómico por razones religiosas. En el siglo VII, su imperio cayó bajo los árabes. Sus textos sánscritos se perdieron pero antes fueron traducidos y adaptados por los escolásticos del siglo IX en Bagdad, y fueron estos trabajos de dicho siglo que se volvieron conocidos en Europa Occidental en el siglo XII.
Un escritor árabe importante fue Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi; la palabra algoritmo se deriva de la versión latina de su nombre. Su libro que combinaba tradiciones griegas e indias de matemáticas básicas se llamó el al-Jabr wa’l-Muqabalah y la palabra “álgebra” proviene de este trabajo traducido por Roberto de Chester. También compiló lo que se volvió las primeras tablas astronómicas y que fueron traducidos por Abelardo de Bath por el año 1120.
Los escritores europeos también conocieron las tablas astronómicas del siglo XI compiladas en Toledo, probablemente por al-Zarqali que fue conocido en latín como Azarchel. Roberto de Chester produjo tablas para la latitud de Londres en 1149 y Roger de Hereford produjo tablas para Hereford en 1178.
Parece probablemente que la astrología árabe fue vista específicamente en el siglo XII como medio para reducir la influencia de los astrólogos populares paganos. El patrocinio de la Iglesia a la nueva enseñanza árabe de la astrología se entiende mejor como un intento de hacer el proceso de leer pronósticos a partir de las estrellas “científico”, y por lo tanto más cercanamente bajo el control de la iglesia; al predecir un eclipse, por ejemplo, es mucho más impresionante que el dejarlo pasar después de que ocurrió, y compilar un horóscopo más laboriosamente de un libro de tablas es un proceso mucho mas convincente que el método tradicional de agregar letras al nombre del sujeto y restar la edad de la luna. El potencial de los usos pastorales de la astrología debe haber sido un factor para inspirar a muchos obispos para promoverla.
El uso de la astrología en la medicina puede ser ilustrado por el texto del siglo XII, De urina non visa, De la orina no vista, por Guillermo de Marsella, otro inglés. El doctor medieval esperaba hacer un diagnóstico a partir de la orina del paciente. Hay un problema obvio si no se puede obtener la orina del paciente. Guillermo resolvió esta truculenta cuestión haciendo el horóscopo del paciente y buscando como debería verse la orina. Este enfoque también es útil si tiene la orina pero no se ajusta a los otros síntomas del paciente. De urina non visa parece delinear las tradiciones astrológicas europeas así como las árabes.
Al revisar un siglo antes, en Bagdad del siglo IX, Harun al-Rashid se encuentra la principal figura del la astrología judiciaria, Abu Ma’sahr, cuyos trabajos con su fuerte base aristotélica fueron conocidos en Europa Occidental antes de que los propios trabajos de Aristóteles fueran traducidos. Su Liber introductorius in astronomie fue traducido de manera separada por Juan de Sevilla y Herman de Carinthia en la década de los años 1140’s y las copias de ambos fueron ampliamente conocidas.
Grandes partes de la traducción de Herman se encuentran copiadas lamentablemente en el Libro de Juicios Astronómicos de Roger de Hereford. Daniel de Morley y Abelardo de Bath citan extensamente dicha obra. El índice de contenido de Abelardo de Bath fue el texto de clases utilizado por Gerard de Cremona en Toledo.
Abu Ma’shar también escribió un libro de magnis Revolutionibus de las eras del mundo. El concepto parece y es bastante del tipo de Zoroastro y es el concepto de las conjunciones planetarias que guían grandes eventos y catástrofes naturales así como eventos en la vida del individuo que encontramos en Europa y lo que algunos llaman el gran terror del año 1186.
En su libro de juicios astronómicos Roger enlista muchos problemas que esperaba que sus lectores le consultaran: sobre los padres, esposa o esposo, hijos, viajes, socios de negocios, matrimonio, el sexo del hijo antes de nacer, como evitar el enojo de alguien en el poder, si uno está destinado a la prisión o la pobreza. Al astrólogo judiciario practicante se le podía preguntar sobre negocios, viajes, o un caso judicial; también se esperaba que eligiera una hora favorable para que dicha empresa comenzara. Cuando Al-Mansur encontró una nueva cabeza para el califato en Bagdad en el año 762, pidió los servicios de dos astrólogos, uno zoroastriano y otro judío para elegir una fecha afortunada. El análisis de las bodas de los Habsburgo ha mostrado que tendían a estar programadas para momentos astrológicos favorables.
Ejemplos del uso de la astrología en el siglo XII son algunos como los siguientes. Roger de Hovoden, Benedict de Peterborough y Rigord en su vida de Felipe II nos proporcionan juntos los textos de cuatro cartas circulares concernientes a la conjunción de los siete planetas en la constelación de Libra en septiembre de 1186. Astrólogos de España y Sicilia, que escribieron en latín y griego, hicieron predicciones con respecto a este evento.
El primero que solamente se identifica por el nombre de “Corumphiza”, predice que los árabes serán destruidos por tormentas, ventarrones y un gran hedor. El segundo, un Guillermo, que al parecer era el asistente del alguacil de Chester, también predijo con más jerga la victoria de los cristianos sobre la amenaza pagana. Contiene algunas predicciones planetarias bastante exactas. Una tercera carta de un monje llamado Anselmo en Winchester habla de un hermano lego que cae en trance, recitando un espantoso verso en latín concerniente a cosas espantosas que ocurrirán en la conjunción que se aproximaba.
La más intrigante de estas cartas es la cuarta, que afirmaba ser de Faramela, hijo de Abdulá de Córdoba a Juan, Obispo de Toledo. El escritor afirma ser un árabe marroquí ha visto la primera carta, la de Corumphiza y hace comentarios cáusticos acerca de la habilidad de los cristianos para interpretar las estrellas. Su primera crítica es que dichas conjunciones planetarias ocurren de vez en cuando sin grandes desastres. Su segundo punto es que dicha conjunción no ocurrirá en septiembre de 1186: Marte y Venus no estarán en Libra. Esto no es verdad y el escritor lo sabría si fuera una verdadero astrólogo. La carta termina con un florido texto de términos técnicos astrológicos de la traducción de Herman de Carinthia de Abu Ma’shar. Por cierto el clima en 1186 no fue llamativo, aunque hubo un pequeño terremoto en Inglaterra en 1185 y hubo inundaciones en 1187, que también fue el año en que cayó Jerusalem.
Otro ejemplo es en base al libro de Roger de Hereford Liber de astronomice iudicandi. Es un ejemplo de un horóscopo judicial aunque bastante críptico. Con cierto grado de exactitud el horóscopo está hecho para el 14 de diciembre de 1122 para las tres de la mañana, en la latitud del sur de Francia o norte de España. Se presume que no es la carta natal del mismo Roger, de quien se sabe era un joven en 1176 cuando aparece por primera vez en escena; de hecho debido a que se sabe que estaba escribiendo poco tiempo después de 1176, el sujeto del horóscopo está a finales de sus 50 años o más viejo.
La interpretación que Roger coloca en este horóscopo que se reproduce en latín enseguida. Como cualquier buen previsor comienza prediciendo lo que ya sabe que es verdad: que la pregunta es sobre una persona amada, un padre, una mujer, por lo tanto la madre. Entonces las cosas se ponen interesantes. Parece estar diciendo que su madre está viajando para ver al rey, que el rey no le va dar una buena recepción, pero que le dará audiencia después de todo, y que hay enemigos involucrados:
Primum considerarem domini ascendentis, et qui ipse ab angulo recte respicit ascendens. Ab eo inciperem. Primum inspicio a quo separatur. Separatur autem a sole qui est dominus 10m, et est in quarto. Scio igitur per he quod cogitat de aliqua re amata que per quartum signatur vel de patre vel de matre; sed quia luna separatur est a domino 7 qui est domus mulierum id est de matre. Quum vero est in domo vie quod de via mulieris est iuncta mercurio domino vie, in alia domo viarum. Et quum venus coniuncta est iovi in domo regis dico quod ad regem tendit cum ipse etiam sit in exaltatione sua. Sed quum est retrogradus et in oppositione veneris et venus in casu eius, rex non bene eam recipiet. Sed quum est fortuna etiam in exaltatione sua et in angulo celi liber a male postea exaudiet eam. Sed et luna que est recepta ideam signat et est de inimicis, quod virgo est signum humanum et quod est in humano signo, est dominus 12”.
¿Qué tipo de mujer en el siglo XII viaja para tratar con la realeza a una edad avanzada?. ¿Es quizá la carta natal de Elonor de Aquitania, que se sabe que nació al sur de Francia en alguna fecha de 1122? Y si es así ¿para qué viaje estaba buscando un consejo astrológico? No se sabe a ciencia cierta.
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Más historia astrológica
El Catalogus Codicum Astrologorum Græcorum muestra la gran cantidad de literatura astrológica que ha sido producida en Bizancio, aunque la mayoría de los manuscritos pertenecen al siglo XII. En este mismo siglo, a pesar de la oposición de la Iglesia, había interés en la Astrología, en ocasiones dentro de la misma Iglesia, aunque las estrellas fueron consideradas ser signos en lugar de causas de los eventos.
En el mundo occidental el estudio de las estrellas, llamada Astronomía, fue una de las siete artes liberales que comprendían el curriculum educativo de la época (junto con la gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría y música). Los padres de la Iglesia Latina condenaron la Astrología como magia y paganismo. San Agustín, refiriéndose a la Astrología en De civitate Dei (La ciudad de Dios, 411), afirmó que era mera superstición.
El texto fundamental de Astrología, el Tetrabiblos, aún no era conocido por los Latinos, que solamente tenía unas pocas fuentes en astronomía (como un capítulo en astronomía en El matrimonio de Mercurio y Filogiae por Martianus Capella, el Comentario por Macrobius en el siglo IV y los trabajos de Isidoro y Bede durante el siglo VII).
En el siglo VI, la astronomía fue definida por Casiodoro (490-583), secretario en la corte de Teodoricus, el rey ostrógodo de Italia, como la ciencia que estudia los cuerpos celestiales y su relación entre ellos y con la tierra. No fue hasta a principios del siglo VII que se hizo un esfuerzo para distinguir entre la Astronomía y Astrología, en la Etimologiæ de Isidoro, obispo de Sevilla. Las definiciones en la Etimologiæ muestra como en la antigüedad era imposible considerar independientes, dos artes que era consideradas complementarias. El estudio de las estrellas y el computus (el arte de calcular el calendario) eran también parte de la educación monástica, como una herramienta para referencia calendárica para el curso del tiempo en el año.
Un nuevo interés en la Astrología en el mundo occidental comenzó en el siglo XI bajo la influencia de los árabes que se habían asentado en España y Sicilia desde el siglo VIII, los árabes fueron los herederos de la filosofía y cultura de la Grecia helenística, una herencia que mezclaron con las culturas de Siria, India, y Persia y este conocimiento comenzó a extenderse a las escuelas del noroeste de Europa. Aunque en la cultura islámica la Astrología estaba generalmente opuesta por las mismas razones que en el cristianismo, el interés científico e intelectual en los movimientos de las estrellas persistió en el trabajo de astrólogos musulmanes como Mash’allah, al-Kindi, Abu Ma’shar y al-Battani. Los trabajos de estos estudiosos fueron traducidos eventualmente al Latín.
Con la fundación de la Universidad de Oxford (en 1249), se incluyó la Astronomía en el curriculum de las artes liberales por su contribución en la comprensión de la medicina, meteorología y alquimia. Sin embargo, la Astrología Judiciaria, estaba opuesta explícitamente en los escritos de Robert Grosseteste, obispo de Lincoln y magistrado presidente de la Universidad de Oxford, en base a la posición de San Agustín (que la Astrología niega la voluntad de Dios).
La oposición de la Iglesia también surgió en la lista de declaraciones de condenación por el obispo de París, Esteban de Tempier, que condenó la Astrología y escritores que relacionaron la Astrología con el mundo sublunar. Algunos estudiosos teólogos (que fueron influidos por San Agustín y después por el Aristotelianismo), incluyendo a Albertus Magnus de Colonia (1200-1280), aceptaron la influencia de los planetas en el mundo. Sin embargo, negaron la influencia planetaria sobre la voluntad humana, debido a que creían que el alma es la imagen de Dios.
Albertus Magnus recomendó el Almagest para el estudio de la Astronomía y el Tetrabiblos para la Astrología. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) declaró en la Summa Teologica que los cuerpos celestiales influían indirectamente al intelecto humano y por lo tanto los astrólogos pueden hacer verdaderas predicciones. En De sortibus y De judiciis astrorum, sin embargo, expresó su oposición a los horóscopos y la elección de días propicios.
Aunque los intelectuales de la Iglesia del siglo XIII se opusieron a los aspectos supersticiosos de la Astrología, Roger Bacon (1214?-1294), el más grande científico de su tiempo, aceptó completamente la Astrología Médica. En el siguiente siglo, los intelectuales eclesiásticos estuvieron utilizando la Astrología como un instrumento para mayor comprensión de la ciencia (y para interpretar las Escrituras). La Astrología Judiciaria, ni siquiera es mencionada por dichos autores como Thomas Bradwardine (arzobispo de Canterbury) y Henry de Langestein.
La aplicación “científica” de la Astrología se reflejó en los esfuerzos de la Universidad de París para explicar la epidemia de la Muerte Negra que asoló Europa desde 1347 hasta 1350: los intelectuales contemporáneos se inclinaron a atribuir la plaga a las conjunciones de las estrellas en lugar de realizar investigaciones físicas y médicas. En la Universidad de Boloña, fundada en 1119 para la educación al público secular y menos influenciado por la Iglesia (aunque aún bajo su control), los estudiantes de medicina tenían que llevar un programa de cuatro años de Astrología, que culminaba con el Tetrabiblos y el Almagest. Guido Bonati, uno de los más famosos astrólogos del siglo XIII, fue profesor en esta Universidad y autor de De Astronomia.
Hubo varios famosos astrólogos en este período. Michael Scot, era astrólogo de la corte de Federico II en Sicilia y escribió el Liber Introductorius como manual del estudiante. Campanus de Novara, uno de los pocos buenos matemáticos de la época, de acuerdo a Bacon, escribió la Sphaera y la Theorica Planetarum. En el año 1327, durante la Inquisición, Cecco d’Ascoli fue quemado por hereje. Era un astrólogo y mago que dio conferencias en la Universidad de Boloña y aplicó la Astrología al nacimiento y muerte de Cristo. Aunque hubo factores indudablemente políticos detrás de la ejecución de Cecco, el cargo de herejía, no obstante reflejó la preocupación de la Iglesia sobre los asuntos astrológicos.
Al seguir el descubrimiento de los textos árabes, la Iglesia absorbió la Astrología y la desaprobó solamente cuando parecía implicar el determinismo fatalista (como en el caso de Cecco d’Ascoli), que contradecía el libre albedrío y la omnipotencia de Dios. También, los escritos de intelectuales de los siglos XIV y XV, como Oresme, Peter d’Ailly y Jean Gereson, muestran que la Astrología era aún parte de la ciencia contemporánea y aparecían pocas dudas de su validez.
Al principio del Renacimiento, varios factores culturales e históricos contribuyeron al desarrollo del interés por la Astrología. Primero, la mejora tecnológica de las técnicas de impresión favorecieron la producción de efemérides, almana-ques, mapas y calendarios. En 1474 se imprimieron en Nuremberg las primeras efemérides, Ephemeris ad XXXII annus futuros, por Regiomontanus (Johann Müller, 1436-1476), y una segunda edición en Venecia en 1484. En 1489, el Introductorium in astronomia por Abu Ma’shar fue traducido del árabe al latín.
Otro factor importante en el nuevo interés por la Astrología aumentó por el redescubrimiento de autores clásicos de la antigüedad, comenzando con los primeros humanistas al final del siglo XIV. Una de las razones por el nuevo interés en los antiguos fue el sitio de la ciudad de Constantinopla por los Turcos en 1453, que forzaron a los estudiosos griegos de la ciudad a huir a Italia (llevando con ellos su literatura), un país que ya había mostrado un interés renovado en los clásicos del mundo antiguo.
Algunos estudiosos griegos ya estaban asentados en Italia antes del sitio de Constantinopla. Manuel Chrisoloras, cuyo sobrino Marsilio Ficino era una de las figuras más importantes en la historia del ocultismo durante el Renacimiento, fue a enseñar griego en Florencia en 1396. La corte florentina de Cosimo de Medici fue también uno de los primeros centros culturales que ofreció refugio a los griegos y, como consecuencia, a desarrollar un interés en la Astrología.
En la corte de los Medici, Giordano Bruno (1548-1600) y Marsilio Ficino (1433-1499) trabajaron como los traductores de los escritos de Platón (por tanto redescubriendo el Neoplatonismo). Ficino también escribió el Pimander, un trabajo hermético lleno de elementos astrológicos. Médico e intelectual, Ficino también escribió De vita libri tres, un tratado médico en la salud del intelecto; en la tercera parte del libro, “De vita coelitus comparanda” describe la visión de la Astrología y las influencias planetarias en la salud de las personas.
Los intelectuales de principios del siglo XV pudieron leer el Picatrix, una recopilación árabe traducida al español (en 1256), que trataba grandemente con la magia astrológica e influyó en Ficino y su estudiante Pico della Mirandola (1463-1494). La aplicación de la Astrología a la medicina (llamada Iatromatemática), recibió la atención de Paracelsus (Bombast von Hohenheim, 1493-1541) que consideraba la Astrología un medio de comprensión de las disposiciones físicas innatas permitiendo un mejor control de la vida propia. La Astrología Médica también fue el foco del Amicus medicorum, escrito en 1431 por Jean Ganivet y en uso los siguientes dos siglos a todo lo ancho del mundo occidental.
Aunque los astrólogos de la corte continuaron disfrutando su posición como asesores de reyes y príncipes en todo el siglo XV, su forma de hacer Astrología era el objeto de un debate intelectual continuo. La Astrología de cartas natales y la predicción del futuro, llamada Astrología Judiciaria, era considerada supersticiosa por los intelectuales del período. Este tipo de Astrología se contrastaba con la Astrología Médica (Iatromatemática), el estudio de la influencia de los planetas en el cuerpo físico. Ficino siempre desaprobó el uso de la Astrología Judiciaria con propósitos adivinatorios. Pero dedicó el tercer capítulo completo de De Vita a la Astrología Médica. Sin embargo, de acuerdo a Ficino, los planetas tienen una influencia solamente en el momento de nacimiento, mientras que el equilibrio de la vida de uno está determinada por la voluntad propia.
El debate sobre la Astrología Judiciaria y Médica se animó especialmente después de la publicación en los años de la década de 1490 de la obra de Pico della Mirandola de Disputationes adversus astrologiam divinatricem. En este trabajo el autor atacó la Astrología Judiciaria, demostrando que era falible y arbitraria, que le faltaba consenso en sus principios básicos y era regida por un determinismo materialista. Él sostenía que la Astrología no puede ser verdad porque requiere una exactitud que es imposible de obtener al interpretar los movimientos de las estrellas. Pero la acusación que elevó en contra de los astrólogos concernía al uso de fuentes latinas poco claras y contradictorias en lugar de Ptolomeo, cuyo trabajo en Astrología Pico consideraba ser exacto. Por lo tanto no atacaba a la Astrología misma.
Pronto llegó una respuesta del contemporáneo de Pico, Pietro Pomponazzi (1462-1524), maestro en varias universidades italianas, que encontró las observaciones de Pico poco científicas y eliminó sus argumentos contra la Astrología. En 1508, Luca Gaurico, autor del Tractatus astrologicus, publicó la Oratio de inventoribus et astrologiae laudibus para defender la Astrología. Por la misma época, el ocultista alemán Cornelius Agrippa (1486-1535), en su De occulta philosophia, relacionó la Astrología con otras artes mágicas, como la quiromancia y la alquimia, y estableció los cimientos para el futuro desarrollo en el ocultismo que surgió durante la Iluminación.
Uno de los astrólogos más prominentes de Italia en el siglo XVI, el dominico Tomaso Campanella (1568-1639), escribió seis libros de Astrología libre de aspectos supersticiosos provocados por la influencia árabe y judía y concordante con las enseñanzas de los teólogos de la Iglesia. El estudio de la Astrología árabe y judía introdujo un enfoque determinista, en contradicción a los principios básicos cristianos de la providencia divina y libre albedrío. También escribió en defensa de Galileo, Apología pro Galileo (1616). Fue encarcelado dos veces bajo cargos de herejía.
El debate sobre Astrología se volvió intenso durante el siglo XVI provocado por la postulación de heliocentrismo de Copernico (1473-1543) (y continuó hasta el siguiente siglo como resultado de la defensa de Galileo de esa teoría). El siglo XVI también fue la época de la Reforma y la contra-Reforma, cuando la Iglesia fue particularmente sensible a las herejías. En 1545, en el Concilio de Trento, la Iglesia condenó la Astrología Judiciaria, y al final del siglo la Iglesia oficialmente se separó a sí misma de la Astrología. Galileo fue denunciado por sus Cartas en los Puntos Solares (1613) y fue condenado por la Iglesia en 1632 por su “heliocentrismo”.
En el mismo período el científico inglés Francis Bacon (1561-1626) demostró la invalidez de la Astrología como se practicaba comúnmente y sugirió un sistema purificado de todos los elementos supersticiosos y de acuerdo con los principios básicos científicos. De acuerdo a Bacon, la Astrología no puede aplicarse al individuo sino que puede ayudar a predecir los cambios y movimientos masivos de cuerpos celestiales o de la gente. Aunque Bacon atacó toda la superstición, como científico del siglo XVII aún aceptaba la Astrología como sistema adivinatorio.
La Astrología aún sobrevivió entre los académicos como Iatromatemáticas en el siglo XVII. Pero con el progreso de la medicina como una ciencia empírica, finalmente ésta se convirtió en un campo distinto de investigación. Al mismo tiempo, el lento proceso de evolución de la astronomía como una ciencia descriptiva, que había comenzado con las tablas de Copernico (1551), gradualmente abrió la brecha entre la Astrología adivinatoria y la astronomía científica.
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Johannes Kepler y la música de las esferas
Johannes Kepler nació el 6 de enero de 1572 en Weil-der Stadt en la provincia alemana de Swabia. Su abuelo había sido alcalde del pueblo pero la fortuna de la familia estaba disminuyendo. Su padre era un aventurero amedrentador que ganaba un precario ingreso como soldado mercenario y había huido de la familia cuando Johannes tenía 17 años. Su madre tenía reputación de practicar la brujería por lo que fue juzgada por la Inquisición.
Nacido prematuramente, Johannes era débil y enfermizo. Pasó una infancia solitaria e infeliz pero al menos tuvo la fortuna de que los regentes Duques de Württemburg habían creado un sistema educativo relativamente iluminador en Swabia. Con la visión de reclutar a las mentes mas brillantes para la clerecía protestante, estaba disponible un sistema de becas para los (hombres) infantes de familias pobres, y a pesar de su mala salud, Johannes era precozmente brillante.
Sus días de escuela, aunque exitosos académicamente, fueron completamente miserables. Su inteligencia de sabelotodo irritaba a sus compañeros de clase, que frecuentemente lo golpeaban. Se consideraba a sí mismo físicamente repulsivo (admitiendo que tenía pánico a los baños). Se inclinó al mundo de las ideas como forma de fuga y encontró consuelo al acatar la convicción religiosa.
En 1587 Kepler fue a la Universidad de Tübingen donde probó ser un excelente matemático. También se volvió un defensor de la controversial teoría de Copernico del sistema solar, que frecuentemente defendió en debates públicos. En ese tiempo Kepler no estaba particularmente interesado en la Astronomía. La idea de un universo centrado en el Sol tenía un atractivo místico. Intentó volverse clérigo y cuando se graduó en 1591 entró a la escuela de teología de Tübingen.
Sin embargo, antes de presentar sus exámenes finales, fue recomendado para el puesto vacante de maestro de matemáticas y Astronomía en la escuela protestante en Graz en Austria, que tomó en abril de 1594 a la edad de 23 años. Como ya dijimos, no había diferencias claras entre la Astronomía y la Astrología; entre sus deberes como “matematicus” se esperaba que Kepler expidiera un almanaque anual de predicciones astrológicas. En su primer almanaque predijo un invierno excepcionalmente frío y una incursión turca a Austria. Cuando ambas proyecciones probaron ser correctas, inesperadamente ganó una reputación de profeta.
El 19 de julio de 1595, una revelación repentina cambió el curso de la vida de Kepler. Al estarse preparando para una clase de geometría dibujó en el pizarrón una figura de un triangulo equilátero dentro de un círculo con un segundo círculo inscrito dentro. Se dio cuenta que la proporción de los dos círculos copiaban la proporción de las órbitas de Júpiter y Saturno. En un momento de inspiración, vio que las órbitas de todos los planetas alrededor del Sol acomodados así que las figuras geométricas regulares ajustarían exactamente entre ellos. Probó su intuición usando dos figuras bidimensionales planas, el triangulo, el cuadrado, el pentágono, etc., pero no funcionó. Como el espacio es tridimensional continuó experimentando con sólidos geométricos tridimensionales.
Los geométras griegos antiguos sabían que el número de sólidos que pueden construirse a par-tir de figuras geométricas regulares está limitado a cinco. Son conocidos como los sólidos ‘perfectos’, ‘pitagóricos’ o ‘platónicos’. Kepler especuló que uno de los cinco sólidos podría insertarse entre cada esfera concéntrica planetaria. Esto parecía explicar porque había solamente seis planetas (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno) con cinco intervalos separándolos, y porque los intervalos eran tan irregulares.
Convencido de que había descubierto una sutil relación entre los diámetros de las órbitas planetarias y sus distancias del Sol, Kepler escribió Misterium Cosmographicum (‘El Misterio Cósmico), publicado en 1596. El esquema funcionaba razonablemente bien con las distancias planetarias entonces aceptadas, pero inclusive Kepler podía ver que no era perfecto. Suponiendo que mejores datos en órbitas planetarias podrían apoyar su teoría, dedicó el resto de su vida a justificar su visión a través de la observación científica y duras pruebas matemáticas.
Su más grande logro fue la formulación de las Leyes del Movimiento Planetario que marcaron un parteaguas con la tradición astronómica tradicional al describir las órbitas de los planetas elípticas más que circulares y reconociendo que la velocidad de los planetas no eran uniformes sino que variaban en diferentes etapas de su órbita. Las primeras dos leyes fueron anunciadas en 1609 en Astronomía Nova (‘La Nueva Astronomía’).
Le tomó nueve años más para formular la tercera ley que establecía una relación entre la distancia de un planeta del Sol y el tiempo que le toma para completar una órbita. Esto fue anunciado en Harmonice Mundi (‘Armonía del mundo’), publicado en 1618. Esto proporcionó los cimientos sobre los que Isaac Newton basó su teoría de la gravitación universal hacia finales del siglo XVII.
Aunque primero se hizo famoso por la exactitud de sus predicciones, su actitud hacia la Astrología convencional era ambivalente y compleja. Su famosa metáfora de comparar a la Astrología a la ‘hija tonta’ de la ‘madre sabia’ (Astronomía) ha sido citada con frecuencia como la evidencia de su incredulidad. Sin embargo, vista en el contexto, la hija tonta representa un estilo particular de Astrología, la Astrología popular, que no era del gusto de Kepler. Siempre fue cuidadoso de distinguir su visión reverente de las armonías celestiales de las practicas de astrólogos callejeros y hacedores de almanaques “que prefieren engranar en locura delirante con las masas analfabetas”.
La Astrología de Kepler estaba en otro plano. Antes de condenarlo por su estilo intelectual esnob hay que considerar a muchos astrólogos “serios” de la actualidad que sienten exactamente lo mismo sobre las columnas de signos solar de los medios impresos. No fue el primero ni el último astrólogo que despreció a las formas aparentemente inferiores de esta ciencia. Su desaprobación es consecuencia de su convicción de que la Astrología es nada menos que una revelación divina, “... un testimonio de los trabajos de Dios y..., nunca una cosa frívola”.
Desafortunadamente, el salario de Kepler como Matematicus real fue raramente pagado (el tesoro real le debía 20,000 florines para el final de su carrera) así que se vio obligado a vivir del consejo astrológico para clientes ricos y componiendo almanaques astrológicos para las ‘masas analfabetas’ que tanto despreciaba. De mala gana, Kepler concedió que “la madre podría morir de hambre si la hija no ganaba nada”. Así que Kepler fue indudablemente un astrólogo, pero no respetaba la tradición astrológica.
Sus ideas parecen radicales inclusive para los estándares de la Astrología actual. Para empezar, menospreció el uso de las 12 casas como “brujería árabe”. Mientras que aceptó que los ángulos eran importantes, no podía encontrar justificante para la división de casas convencional. “Demuéstrenme las antiguas casas”, escribió a alguien, “explique su número; prueben que no hay menos ni más... muéstrenme ejemplos indudables e irrebatibles”. Incluso fue más allá hasta cuestionar la validez de los signos del zodíaco, arguyendo que se derivaban de razonamiento humano y conveniencia matemática más que alguna división natural de los cielos. No tuvo tiempo para elaborar esquemas de regencia planetaria de los signos y no vio razón por la que algunos planetas deberían clasificarse como benéficos y otros maléficos.
La clave para la reforma propuesta por Kepler es su enfoque a los aspectos. La Astrología tradicional reconoce cinco relaciones significativas, basadas sobre la división de doce de los signos del zodíaco. Ptolomeo enseñó que su significación se derivaba por la analogía con las proporciones de la escala musical. La conjunción es equivalente a las mismas dos notas tocadas al unísono. La oposición divide el círculo en una proporción de 1:2, la cual corresponde a la octava. El sextil (5:6) corresponde a un tercio menor, la cuadratura (3:4) a un cuatro perfecto y el trino (2:3) a un quinto perfecto. Al darle menor énfasis a los signos del zodíaco, Kepler fue libre de explorar relaciones de aspecto adicionales en su búsqueda de la síntesis pitagórica de la música, geometría y Astronomía.
Los nuevos aspectos de Kepler se basaban en la teoría armónica y estaban cimentadas en la observación empírica de los efectos astrológicos. De su largo estudio de las condiciones del clima correlacionado con los ángulos planetarios y de un análisis detallado de su colección de 800 cartas natales, Kepler concluyó que cuando los planetas formaban ángulos equivalentes a proporciones ar-mónicas particulares se establecía una resonancia, tanto en el alma de la tierra arquetípica y las almas de los individuos nacidos bajo aquellas configuraciones.
Consideraba este ‘sello celestial’ mas importante que el énfasis tradicional en los signos y las casas: “en el poder vital del ser humano que es encendido en el nacimiento brilla aquella imagen recordada...”. El sello geométrico-armónico constituye “la música que impulsa al oyente a bailar” como los movimientos de los planetas, por tránsito y dirección, eco y re-eco el tema natal. Además de los aspectos de Ptolomeo, Kepler propuso el quintil (72°), el bi-quintil (144°) y la sesquicuadratura (135°). Extendiendo la analogía de la escala musical, el quintil es equivalente a un intervalo de un tercio mayor (4:5), la sesquicuadratura a un sexto menor (5:8) y el bi-quintil a un sexto mayor (3:5). Kepler se dio cuenta de muchas mas configuraciones de aspectos son posibles, pero las rechazó por bases estéticas.
Los nuevos aspectos fueron adoptados muy pronto por los astrólogos, aunque no con el espíritu que Kepler hubiera deseado. William Lilly escribió Astrología Cristiana en 1647, menos de 20 años después de la muerte de Kepler. En la sección de los “Efectos de las Direcciones”, Lilly proporciona instrucciones para encontrar no solamente el quintil, biquintil y sesquicuadratura, sino también el semi-sextil (30°), semi-quintil (36°), semi-cuadratura (45°) y sesqui-quintil (108°). Sus amplios análisis de las direcciones en la carta de un ‘comerciante inglés’ da algunos ejemplos tempranos de los nuevos aspectos en la interpretación práctica.
La dirección del Medio Cielo en sesquicuadratura de Marte, por ejemplo, “puede poner en peligro, en una pequeña medida, la reputación de nuestro nativo falsos entredichos”. El Ascendente en quintil con Mercurio sugiere que él “debe ahora rectificar sus libros de cuentas y recibir mucho beneficio de los hombres mercurianos”. Los aspectos basados en quintil surgen como ‘algo benéficos’ en sus efectos; los basados en cuadrado como ‘ligeramente dañínos’, que se volvieron interpretación estándar de libros de texto de los ‘aspectos menores’ de la época de Lilly hasta la actualidad.
La Astrología se practicó durante todo el siglo XVII en varias partes de Europa occidental. En Francia, otro miembro de la familia de los Medici, Catalina, previamente en contacto con el astrólogo Luca Gaurico, contribuyó a la propagación de la Astrología en ese país. Se casó con Enrique II y después de muchos años sin hijos, consultó a los astrólogos. El nacimiento de su primer hijo fortaleció su fe en la Astrología.
Entre los astrólogos que invitó a trabajar a su corte estaba Nostradamus (Michel de Nostredame, 1503-1566), un astrólogo que se volvió notable por sus profecías escritas en cuartetas en el poema llamado “Las Centurias” (1555). Trabajando en la corte de Enrique II, Nostradamus se volvió conocido en todo el país, publicando almanaques y trabajos médicos que abogaban por el uso de la Astrología para propósitos médicos.
Mientras que el heliocentrismo de Copernico se fue gradualmente introduciendo a Inglaterra a principios del siglo XVII a través de los trabajos de Thomas Digges y Thomas Bretnor, sociedades seculares de profesionales, no necesariamente relacionadas con las universidades o la Iglesia, comenzaron a organizarse para discutir la nueva ciencia. En Inglaterra, la Sociedad Real de Londres fue apoyada en 1662 por Carlos II. En esa época Inglaterra y Holanda eran los dos únicos países en Europa que ofrecían libertad de pensamiento durante un período de estricta censura tanto por la Iglesia Católica como la Protestante en todos los países europeos. La Astrología no fue incluida entre los temas principales discutidos por la Real Sociedad, pero algunos de sus miembros la practicaban.
Ya no se debatía la Astrología en las universidades europeas. También no hay mucho en los registros históricos con respecto a los astrólogos en los siglos XVII y XVIII. La Astrología no murió en este período; fue solamente negada en el debate científico y académico. El pensamiento moderno, que comenzó con la Iluminación, excluyó a la Astrología como una ciencia empírica. No fue incluida, ni siquiera mencionada, en la sección de Astronomía en la amplia Enciclopedia de Diderot y D’Alembert en 1781.
Sin embargo, la Astrología y su simbolismo sobrevivieron la Iluminación en círculos esotéricos. Varios ocultistas revivieron los escritos mágicos de la Picatrix y el Corpus Hermeticum del Renacimiento y Cábala para dar una nueva y más esotérica interpretación a los movimientos de las estrellas. Los precursores de esta visión “moderna” de la Astrología fueron Emanuel Swedenborg (1688-1772) y Franz Antonio Mesmer (1733-1815).
El renacimiento astrológico europeo del siglo XIX comenzó en Inglaterra. Francis Barrett, que escribió El Mago (1801), una síntesis importante de temas mágicos y Nicolás Culpepper (1616-1654), un astrólogo, ya habían dedicado su tiempo al estudio del ocultismo. Pero el interés en Astrología volvió a despertar con la publicación de ciertos libros sobre el tema. En 1816, James Wilson escribió Un Diccionario Completo de Astrología, y unos pocos años después Robert C. Smith (1795-1832) cuyo seudónimo fue Raphael, escribió unos pocos años después el Manual de Astrología y recopiló las Efemérides. Siguieron nuevos trabajos en Astrología, tales como Los Misterios del Horóscopo en 1887.
También importante fue Eliphas Lévi (1810-1875), el moderno mago, que sintetizó el esoterismo antiguo y desarrolló una nueva forma de magia. Fue escrito en 1915 un trabajo importante sobre Astrología por el famoso ocultista inglés Aleister Crowley (1875-1947). Era miembro de la Orden Hermética del Amanecer Dorado, una sociedad mágica fundada por S.L. MacGregor Mathers, que sabía Cábala y Magia. Crowley escribió Astrología en 1915, en la cual enseñó Astrología Científica que reinterpretó como la ciencia de las estrellas a la luz del descubrimiento de los últimos dos planetas, Neptuno (1846) y Urano (1781).
Un renacimiento de la Astrología también se llevó a cabo dentro del movimiento Teosófico, que comenzó Madam Blavatsky en 1875 en los Estados Unidos. La Astrología se volvió el foco de la Logia Astrológica de la Sociedad Teosófica (que publica Astrología Trimestral) fundada en 1915 por Alan Leo (1860-1917), un importante escritor británico de Astrología. Leo fue iniciado en la teosofía por su amigo W. Gorn Old (1864-1929), cuyo seudónimo era Sepharial, un hombre con conocimientos de Astrología y Cábala.
Otro famoso astrólogo fue Charles E.O. Carter (1887-1968), que estaba capacitado en Astrología, del movimiento teosófico y la Logia Astrológica y a partir de estas se fundó en Inglaterra la Escuela de Astrología y la Asociación Astrológica una décadas después. El trabajo de Alan Leo también influyó el sistema alemán uraniano (la Escuela de Astrología de Hamburgo fundada por Alfred Witte y Friederich Sieggrün en la década de 1930), al sistema cosmobiológico (una escuela de Astrología científica fundada por Reinhold Ebertin (1890-1949) en los años 1930 afirmaba la existencia de una conexión física entre los movimientos de las estrellas y la conducta humana), y la Escuela Aries Holanda.
Dentro de los teosofistas, Alice Bailey (1880-1949), fundadora de la Escuela Arcana, dedicó a la Astrología el tercer volumen de la trilogía Un Tratado Sobre los Siete Rayos. De acuerdo a D.K., el maestro tibetano canalizado por Alice Bailey, la Astrología fue la ciencia más oculta. El trabajo de Bailey contribuyó al reavivamiento de la Astrología en el siglo XX.
La Astrología también se desarrolló en Francia a través de la escuela simbolista. Se delineó en la psicología profunda del famoso psicólogo y psiquiatra Carl Gustav Jung (1875-1961), quien explicó la Astrología a través de su noción de Sincronicidad. Para Jung, la Astrología incorporaba algunos de los arquetipos que juegan un papel importante en el desarrollo de la mente humana. La escuela simbolista francesa, de la misma manera, ayudó a liberar la Astrología de su estructura mecanicista rígida para permitirle un enfoque más descriptivo a la personalidad mediante la comprensión de los símbolos astrológicos.
Bajo la influencia de Jung, la Astrología también se reavivó para la aplicación a la psicolo-gía en la Astrología Humanista como su contraparte en Estados Unidos. Como tal, el enfoque de la Astrología no está centrada en eventos sino en la persona. La Astrología Humanista fue formulada inicialmente por Dane Rudhyar cuyo trabajo comparativo en el campo fue La Astrología de la Personalidad: Una Reformulación de los Conceptos e Ideales Astrológicos en Términos de la Psicología y Filosofía Contemporánea (1936). Rudhyar fue particularmente influido por la psicología humanista de Abraham Maslow.
Un esfuerzo para utilizar el enfoque científico, basado en la aplicación de la metodología estadística a la Astrología fue llevada a cabo a principios del siglo XX por Paul Choisnard y Karl Krafft. Sus estudios los convencieron que la “Astrología existe”. En 1950, Michel y Francoise Gauquelin volvieron a aplicar las estadísticas al estudio de la Astrología, probando un gran número de individuos (aproximadamente unos 25,000) de acuerdo a su profesión. Encontraron una correlación diferente de la tradicional y con ello aumentó la controversia entre la Astrología moderna humanista y la científica.
El astrólogo francés André Barbault escribió Del Psicoanálisis a la Astrología (1961), en el cual demostró la similitud entre el determinismo psicológico de ciertas tendencias del psicoanálisis y el determinismo cósmico de la Astrología antigua. Barbault también fue el primero en diseñar un programa de cómputo que permitió a los astrólogos a hacer horóscopos. Mientras el trabajo de Barbault continuó la tradición de la Astrología científica, una astróloga británica Sybil Leek (1923-1983), fortaleció el aspecto ocultista de este arte antiguo. Leek se mudó a Estados Unidos, y a través de varios libros, muchos de ellos sobre Astrología, contribuyó a la propagación de la brujería (era una bruja “blanca”) y la Astrología.
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Astrología en Estados Unidos
La Astrología llegó a Estados Unidos durante la época colonial junto con el cuerpo completo de enseñanzas ocultas disponibles en Europa en el siglo XVII. Los primero astrólogos americanos, los Rosacruces bajo el liderazgo de Johannes Kelpius (1673-1708), establecieron una biblioteca astrológica y un conservatorio en lo que ahora es la sección alemana de Filadelfia en Pensilvania. Entre otras actividades ayudaron a actualizar el almanaque que ya estaba siendo publicado por Daniel Leeds y en 1698 uno de sus mejores astrólogos Johann Seelig, fue comisionado para levantar el horóscopo para la Iglesia Luterana Sueca en Wisaco, Pensilvania, a fin de determinar la mejor fecha para comenzar la construcción del nuevo edificio.
Para la Astrología el siglo XX comenzó en Estados Unidos con una fogosa explosión cuando una nueva luz astrológica apareció en la persona de Evangeline Adams (1868-1932). Evangeline fue criada en la atmósfera conservadora de Andover, Massachusets. Aunque no estaba en Boston, estaba lo suficientemente cerca de la ciudad para ser parte de la gran comunidad psíquica que ahí se desarrollaba. Esta comunidad incluía al antiguo presidente de la Sociedad para la Investigación Psíquica, un Sr. Williams y varios de sus colegas académicos, incluyendo a J. Herbert Smith, profesor de medicina en la Universidad de Boston que introdujo a Adams a la práctica astrológica y la religión oriental.
En 1899, después de haber escogido a la Astrología como su trabajo de por vida, Adams se mudó a la ciudad de Nueva York y tomó como residencia el Hotel Windsor, el propietario, Warren F. Leland, fue su primer cliente. Debido a que el siguiente día, el 17 de marzo de 1899 sería, en su opinión, un día de mala suerte, Leland fue con Adams por un consejo. Adams le hizo el mapa natal, solamente para encontrarlo bajo la “peor combinación posible de planetas”. El peligro y el desastre eran inminentes. El viernes siguiente, posterior a la lectura del mapa, Leland vio su hotel en llamas. El sábado en la mañana los ciudadanos de Nueva York, se levantaron leyendo sobre el incendio y la nueva celebridad en medio del mismo.
En la primera página del periódico había una declaración de Leland que decía que Adams le había pronosticado el incendio y así comenzó su carrera como astróloga de los ricos y famosos. Adams le dio respetabilidad a la Astrología ya que en 1914 fue arrestada bajo el cargo de “adivinación”. En lugar de pagar la multa insistió en ir a juicio. El juez le puso una prueba final para su defensa y la hizo que estudiara un horóscopo de una persona anónima. Dicha persona era el hijo del Juez John H. Freschi, y éste, impresionado por la exactitud de su interpretación, dejó libre a Adams y dijo que “la defendida elevó la Astrología a la dignidad de una ciencia exacta”.
Después de Adams hubo varios astrólogos con mucha reputación como Elbert Benjamine cuyo seudónimo fue el de C.C. Zain, Max Heindel de la Orden Rosacruz, George Llewelyn y Dane Rudhyar, quienes cimentaron las bases de la Astrología contemporánea del siglo XX.

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Ingreso del Sol a Cáncer, 20 de junio de 2008, 19:00:00 CDT, Helotes, Texas.
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